98 años de la creación del Himno a Chiquinquirá

¡Gloria  a Ti, casta Señora

De mi pueblo bravo y fuerte

Que en la vida y en la muerte

Ama y lucha, canta y ora!

Cuatro versos que llenan de júbilo al zuliano. Una ofrenda de amor a nuestra madre: La Virgen de Chiquinquirá, a quien veneramos y pedimos protección desde  hace más de trescientos años.

La génesis del Himno a la Virgen de Chiquinquirá se remonta meses previos a la coronación de la Santa Reliquia el 18 de noviembre de 1942, cumpliendo el Decreto firmado por Benedicto XV en 1916. En el año de la coronación también se erigió el templo de San Juan de Dios a Basílica Menor y, por consiguiente, en eso se esmeraron los maracuchos.

No fue poca cosa la escogencia del Himno. Para ello se convocó a un “Certamen nacional”. Y fue la propuesta de Graciela Rincón Calcaño, una escritora y poeta fecunda, la ganadora. La música fue compuesta por el no menos importante artista zuliano, Adolfo de Pool. Graciela Rincón Calcaño lo tituló Himno Nativista a Nuestra Señora de Chiquinquirá

Desde ese  momento, el Himno de la Virgen es parte formal de las liturgias ceremoniales y  de nuestra cultura, de nuestra idiosincrasia como pueblo.

I

Autóctona Virgen

De rostro bronceado

Mi Lago encantado

Te exorna los pies

Con rizos y ondas

De armónico halago

Y Reina del Lago te digan doquier

En este sexteto de versos la autora relaciona a la Virgen con el Lago, donde la Tablita navegó y fue traída hasta sus orillas para permanecer para siempre entre nosotros. El Coquivacoa la arrulló con sus marullos y la trasladó con sus corrientes para tomar posesión de nuestros corazones  como Reina autóctona del Zulia.

II

Bruñeron sus sienes

Con lirios plasmados

Ígneas llamaradas

De eterno brillar

Por eso mi tierra

Que el trópico inflama

Del Sol te Proclama la Reina Inmortal

Nuestra fe infinita glorifica la presencia de la Madre de Dios. El Zulia, tierra del Sol Amada, por siempre Reina de su pueblo que ama y lucha, canta y ora.

III

La entraña fecunda

Del suelo nativo

Por Ti fluya un vivo

Tesoro sin fin;

Riberas y llano,

Lagunas y Sierra

Reina de mi Tierra

Te llaman a ti…

Desde lo profundo de nuestro estado, la presencia de María, en la advocación de Chiquinquirá, se expandió, no solo al resto de la región. Numerosos pueblos de Venezuela la veneran, en América Latina (Ecuador, Perú y Colombia) y hasta en Doha, capital de Qatar.

Allí hay un templo que no posee ni cruces ni símbolos religiosos que puedan distinguir la fe cristiana, pero tiene unas paredes azules y amarillas, con leves trazos negros, que bien podrían interpretarse como los elementos de nuestra bandera regional. Y en Noruega, zulianos que han emigrado a esas frías tierras, cada 18 de noviembre celebran su día al ritmo de gaitas en su honor. Así, donde quiera que haya un zuliano devoto, en cualquier lugar del mundo, rendirá tributo a la Reina de su Tierra.

IV

Y porque mi casta

Florezca en virtudes

Tus excelsitudes

Proclama la grey

Reina de mi tribu

Llamándote en tanto

La dicha y el llanto nos colmen. Amén

La escritora y poeta Graciela Rincón Calcaño  plasmó en la última estrofa del Himno a la Virgen, más que una petición, una oración profunda, infinita que llegará a las nuevas generaciones que seguirán con fervor  brindándole amor y devoción como Madre del Creador y madre nuestra.

(Cortesia Prensa Secretaría de Cultura del Zulia)

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