Víctor Alvarado cantará entre canoas y marullos eternamente

La voz que por décadas le cantó a su tierra querida, Isla de Toas, al amor y desamor, a la naturaleza, al padre y a la madre, en fin, a la infinita obra del creador, se apagó inesperadamente, como callan las aves marinas cuando llega la noche y solo las estrellas y la Luna arropan con su reflejo los cálidos cuerpos cansados de volar.

Víctor Alvarado, el cantor de la isla, heredero de aquellos hombres de alma bravía y cuerpos curtidos por el Sol y la sal, partió hacia otros escenarios donde sus canciones hoy son arrullo, como el marullo que golpea incesante las orillas del Coquivacoa.

Nacido el 28 de diciembre de 1938 en Isla de Toas, Víctor Inocencio Alvarado Vílchez, desde niño se interesó  por la música propia de los pueblos anclados a orilla del Lago como el bambuco, danza, contradanza; además, cantó boleros e incursionó en la gaita.

Una carrera fructífera que por 40 años desarrolló con el acompañamiento del Conjunto Palmarital, llevaron a Víctor Alvarado a ser uno de los principales canta autores de nuestro estado, convirtiéndolo en patrimonio cultural de la región.

Éxitos

Desde 1957 editó 20 discos, incluyendo temas como Canto a mi Toas, Mi silencio, Alcohol y llanto, Padre Mío, A mi madre, Ojos Verdes, El amor aquel y Esa es mi razón entre otras. La composición Canto a mi Toas, de su paisano Leví Parra, fue tema obligado de su repertorio así como la gaita, Añoranzas, compuesta por Heberto J. Pedraja, la cual interpretó como invitado del Conjunto San Isidro, en 1963.

“Su cambio de paisaje exige profundidad en la defensa de nuestros valores y el apoyo para mejorar la calidad de vida de la cultura popular”, destacó el secretario de Cultura, Giovanny Villalobos, durante las exequias que se realizan en la Basílica a Nuestra Señora de Chiquinquirá, de donde será trasladado hasta su última morada en el Cementerio El Cuadrado, de Maracaibo.

El Peñón ha perdido a unos de sus hijos más queridos. No llora su partida, porque por siempre se escucharán en el chapoteo de las canoas las notas melodiosas de las canciones que le hicieron y cada madrugada, bajo la bruñida luz de la Luna el pescador entona para iniciar su faena.

(Cortesia Prensa Secretaría de Cultura del Zulia)

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